Un gran medico y mejor amigo que ninguna persona que lo conociera podría pedir, siendo como ha sido un gran profesional, que siempre ha tenido para todos nosotros unas palabras de ánimo en los momentos más difíciles y a quien todos nos hemos encomendado cuando las fuerzas físicas y emocionales nos flaqueaban.
Recuerdo una anécdota que me ocurrió en su consulta cuando al entrar me pregunto qué me pasaba. Al contestarle que tenía tal y tal síntoma e intenté detallarle todo lo que me sucedía, me rectificó rápidamente diciendo.. No, no.. Eso nos lo dejas a los médicos... Quiero que me cuentes que te pasa a ti, quiero saber cómo esta mi amigo…
El sabia que palabras necesitaba usar en cada momento, su profesionalidad solo era eclipsada por su parte humana, capaz de ver más allá de los síntomas, estando a tu lado como amigo y como médico.
Para María y para mí fue nuestro MEDICO DE FAMILIA en mayúsculas, aquella persona que con solo el hecho de ir a verle, te tranquilizabas y sentías como su optimismo y su desenfado te contagiaban, siendo capaz de superar todas las vicisitudes.
Estando en la misa, vi la cantidad de personas que habían ido a darle su último adiós, y saludando a unos y a otros, me di cuenta del grupo tan grande de estupendos amigos que nos habíamos conocido gracias a él, y del legado tan especial que ha dejado en todos nosotros.
Fue el punto de unión de todos nosotros y nunca desaparecerá del todo, ya que cada uno de nosotros guardamos parte de su recuerdo en nuestros corazones.
